CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Esteban Ross) La hernia discal ocurre cuando el material blando de un disco intervertebral se desplaza o sobresale a través de una fisura en su capa externa. Este disco, que normalmente actúa como amortiguador entre las vértebras, al romperse puede ejercer presión sobre los nervios cercanos. Esa compresión es la responsable del dolor intenso, que no se limita a la espalda, sino que puede irradiarse hacia otras zonas del cuerpo.
El dolor característico de la hernia discal aparece porque el disco sobresaliente toca o aprieta la raíz nerviosa, generando inflamación. Los síntomas más comunes incluyen dolor lumbar o cervical, ciática que baja por la pierna, hormigueo, adormecimiento y debilidad muscular. En casos más graves, los pacientes pueden presentar pérdida de fuerza, dificultad para caminar o problemas para controlar la orina y las heces, lo que constituye una señal de alerta que requiere atención médica inmediata.
El tratamiento no siempre implica cirugía. La mayoría de los pacientes mejora con reposo relativo, analgésicos y antiinflamatorios indicados por un médico, además de fisioterapia. La cirugía se reserva para casos específicos, como cuando el dolor es muy intenso y no mejora, o cuando existen complicaciones neurológicas. Entender que el dolor de la hernia discal proviene de la compresión nerviosa y no solo de un problema muscular es fundamental para abordar la condición de manera correcta y efectiva.
