LA SOLEDAD COMO UN REFUGIO SAGRADO Y NO COMO UN CASTIGO

NACIONALES (Corresponsal Paula Britez) Hoy en día, una gran cantidad de mujeres y hombres se encuentran solos tras haber sido abandonados por sus parejas debido a maltratos, incoherencias o al incumplimiento de deberes maritales, una realidad dolorosa que afecta a ambos lados por igual. Frente a este panorama, elegir el aislamiento antes que aceptar una compañía mediocre no representa ninguna derrota, sino un acto de estricta higiene mental, espiritual y física para proteger nuestra paz.

Quienes no logran soportar su propio vacío terminan negociando su tranquilidad por simples migajas de afecto, mientras que mantener un estándar firme exige la madurez necesaria para habitar en el propio silencio. Ese silencio debe convertirse en nuestro santuario personal, un espacio seguro para resguardar nuestra soberanía frente a las ilusiones baratas que el entorno insiste en vendernos como si fuera amor genuino.

Resulta difícil creer que nadie se haya detenido a valorar la magia que llevamos dentro, ni que tantos hayan fallado en notar nuestro brillo o en regalarnos un abrazo sincero que nos devuelva la calma en las noches difíciles. Aunque duela mirar el techo preguntándose cuánto afecto faltó en el camino, la respuesta siempre empieza por casa: si nadie supo cuidarte como merecías, es momento de dejar de mendigar atención y entender que, antes que cualquier mala compañía, nos tenemos a nosotros mismos.

 

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