MAYOR JULIO DIONISIO OTAÑO, EL HOMBRE QUE NUNCA ABANDONÓ EL FRENTE

CIUDAD DEL ESTE (Realidades por Esteban Ross) En el año 1932 dio inicio la Guerra del Chaco, el enfrentamiento bélico entre Paraguay y Bolivia que pondría a prueba el temple y la valentía de toda una generación. En el contexto de este sangriento conflicto, la figura del oficial Julio Dionisio Otaño comenzó a agigantarse desde las primeras horas de combate en la emblemática Batalla de Boquerón. Siendo un joven teniente del Regimiento de Infantería Número Tres Corrales, Otaño recibió un disparo certero en el homoplato derecho durante la tarde del primer día de enfrentamientos. Tras ser atendido de urgencia en el puesto sanitario de campaña, el médico a cargo ordenó su retiro inmediato hacia la retaguardia para salvarle la vida. Sin embargo, el oficial rechazó de forma categórica la evacuación, desoyó las indicaciones médicas y regresó caminando directamente a la trinchera para continuar liderando a sus hombres en el frente.

Aquel gesto de rebeldía y coraje no fue un hecho aislado, sino el comienzo de una epopeya personal que duró hasta el final de la contienda en 1935. Durante los veinte días consecutivos que duró el cerco de Boquerón, el teniente luchó en la primera línea a pesar del dolor de su lesión, celebrando la victoria paraguaya con la tropa. Con el correr de los meses y las batallas, Otaño acumuló una cantidad de impactos de bala y esquirlas que parecía imposible de soportar para un ser humano. En total, fue herido en cuarenta ocasiones distintas a lo largo de la guerra, rebasando todos los límites de la resistencia física. Su capacidad para sobreponerse a las lesiones y su constante negativa a abandonar el campo de batalla le valieron el apodo de oficial inmortal, ganándose el respeto absoluto de sus superiores y la devoción de sus soldados.

La extraordinaria hazaña de Otaño quedó registrada para la posteridad en los testimonios de los mandos militares de la época, quienes resaltaron su espíritu inquebrantable como un ejemplo supremo de patriotismo. Con el paso del tiempo y tras alcanzar el grado de mayor dentro de las fuerzas armadas, su nombre se transformó en un referente de la memoria histórica de la nación. En reconocimiento a su contribución durante la guerra y a su capacidad sobrehumana para mantenerse en pie, las autoridades nacionales rebautizaron una próspera comunidad en el departamento de Itapúa con el nombre de Mayor Julio Dionisio Otaño. De esta manera, el recuerdo del oficial que se rehusó a morir trascendió las trincheras del Chaco para quedar grabado de forma permanente en la geografía y en la identidad cultural del pueblo paraguayo.

 

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