NDAIPORI CASO, HE’I GAMARRA”: EL DICHO POPULAR QUE NACIÓ DE UNA TRAGEDIA

CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Esteban Ross) Existen expresiones populares que logran atravesar generaciones hasta quedar grabadas a fuego en el habla cotidiana de todo un país, y la célebre frase “No hay caso, he’i Gamarra” (o en su vertiente en guaraní, “Ndaipóri caso, he’i Gamarra”) es sin lugar a dudas uno de los ejemplos más representativos de la cultura paraguaya. Utilizada hasta el día de hoy para retratar a aquella persona obstinada que decide ignorar cualquier advertencia o consejo para continuar ciegamente con su conducta, la muletilla encuentra su origen en una sangrienta tragedia que, según la tradición, ocurrió exactamente un 12 de octubre de 1931, marcando noventa y cinco años de aquel trágico episodio.

La historia nos traslada a la calurosa mañana de un 12 de octubre en la lejana localidad taninera de Puerto Guaraní, departamento de Alto Paraguay. Aprovechando el feriado por el «Día de la Raza», los obreros de la fábrica de tanino se reunieron en una gran fiesta popular. En medio del baile apareció Mateo Gamarra, un conocido “Don Juan” de la zona, quien pidió una polca y se dispuso a disfrutar de la pista abrazado a “una tal” Emilia Ortiz. Al cabo de unos minutos irrumpió en el recinto su esposa, Delfina Servín, alertada por los vecinos sobre la escena de descarada infidelidad.

Al ser encarado frente a todos por su pareja, Gamarra lejos de excusarse, mostró un desprecio absoluto y se dispuso a continuar bailando con su amante. Fue allí donde pronunció la desafiante respuesta que terminaría sellando su destino y creando la popular muletilla:

“Upéicha ndaje Gamarra toda la fiesta ojapo / He’ima chupe Delfina: ‘Anivéna péicha reiko’ / No hay caso, he’i Gamarra ha upéichante oseguí / Si es que ojedigustarõ, che apoĩnte ne ichugui”

(Así dicen que Gamarra se pasó haciendo durante toda la fiesta / Ya le dijo Delfina: «Dejá de comportarte así» / «No hay caso», dijo Gamarra, y así nomás continuó / «Si es que se disgusta, yo nomás me voy a dejar de ella»)

Lo que Gamarra no imaginó era que su soberbia colmaría la paciencia de una mujer que había acudido preparada para la ocasión. Profundamente humillada, Delfina le advirtió que no se dejaría pisotear por ser mujer, desenfundó un revólver y percutió cinco balazos a quemarropa:

“Ha upéva ohendu Delfina, Gamárrape osẽ he’i: / ‘Che ha’e Delfina Servín, ne’ĩra cheikuaapa… Kuña jepe niko che, anicheva’erã che burla’ / Osẽma upépe Delfina con un revólver en la mano / Los cinco tiros seguido Gamárrape ojapipa”

(Y al escuchar eso Delfina, le salió a decir a Gamarra: / «Yo soy Delfina Servín, todavía no terminás de conocerme… A pesar de ser mujer, no pienses que te vas a burlar de mí» / Salió ahí Delfina con un revólver en la mano / Y los cinco tiros seguidos se los descargó todos a Gamarra)

Agonizando en el suelo y entre pedimentos de auxilio, un malherido Gamarra atinó a reclamar el motivo de semejante ataque, a lo que su esposa sentenció fríamente: “Reikuaáma, Gamarra, ku Delfina oje’eha. Anichéne rejekeha, si a tiempo roavisa” (Ahora ya sabés quién es la que llaman Delfina. No te quejes, que bien se te avisó).

DEL FOLCLORE A LA REALIDAD: ¿CRIMEN VERÍDICO O LEYENDA?

El crimen quedó inmortalizado bajo el género del compuesto (polca épica y narrativa), inicialmente considerado de autoría anónima y registrado años más tarde por el poeta Estanislao Báez, con música del maestro Eladio Martínez. La interpretación más célebre y popular que llevó este drama a todos los rincones del país fue la del histórico dúo conformado por Carlos Quintana y Martín Escalante.

Durante décadas, historiadores debatieron si el caso se trataba de un mito urbano por la falta de actas policiales de la época en el Chaco paraguayo. Sin embargo, familiares de Estanislao Báez han sostenido firmemente que el poeta compuso la obra basándose en los hechos reales de aquel 12 de octubre de 1931 en Alto Paraguay. El relato popular añade que Delfina Servín purgó condena en la cárcel del Buen Pastor en Asunción y que, tras cumplir su pena, se dedicó a vender flores frente al cementerio de la Recoleta, a pocos metros del penal.

LA TRAGEDIA EN EL ESCENARIO (1993)

Si bien los documentos de 1931 son esquivos, la historia de Mateo Gamarra cobró una auténtica y trágica cuota de sangre real sesenta y dos años después. El 4 de julio de 1993, en la compañía Santa Rosa del Mbutuy (departamento de Caaguazú), un grupo teatral aficionado dramatizaba la famosa canción. En el clímax de la obra, la actriz Elodia Benítez (en el papel de Delfina Servín) disparó el arma de utilería contra el actor Cristóbal Godoy Olmedo (quien encarnaba a Mateo Gamarra). El revólver, trágicamente, estaba cargado con proyectiles reales y el actor falleció desangrado sobre el escenario ante la mirada horrorizada del público.

Nacida de la vida real o de la ficción popular, la sentencia de aquel hombre obstinado atravesó casi un siglo de historia. Hoy, a 95 años de aquella mítica fiesta de la raza en Puerto Guaraní, los paraguayos siguen diciendo, ante la necedad de cualquiera: “Ndaipóri caso, he’i Gamarra”.

 

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