CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Charly Friendz) La acumulación de gases en el intestino no depende únicamente de los alimentos que consumimos, sino también de la capacidad del organismo para digerirlos correctamente. Cuando no se producen suficientes enzimas, la comida fermenta en lugar de descomponerse de manera adecuada, lo que genera hinchazón y pesadez. A esto se suma el sobrecrecimiento bacteriano en zonas donde no deberían estar, provocando que cualquier alimento ingerido se convierta en una fuente de gas excesivo.
Las intolerancias alimentarias como la lactosa, la fructosa o el gluten también desempeñan un papel importante, ya que el cuerpo no logra procesarlos de forma eficiente y terminan transformándose en gas. El consumo elevado de carbohidratos fermentables presentes en panes, legumbres y algunas frutas alimenta a las bacterias intestinales, intensificando el problema. Incluso hábitos simples como comer rápido, hablar mientras se come o beber con sorbete pueden introducir aire en el intestino y aumentar las molestias.
Detrás de los gases pueden existir condiciones más profundas como gastritis, disbiosis o síndrome de intestino irritable, que alteran todo el proceso digestivo. Cuando los síntomas incluyen abdomen distendido durante todo el día, dolor tipo cólico, eructos frecuentes o gases con mal olor constante, es una advertencia de que algo no está bien. Los gases no son el problema principal, sino un indicador de que la digestión está fallando y requiere atención para recuperar el equilibrio intestinal.
