CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Esteban Ross) Los antiguos practicantes de meditación descubrieron, quizá sin proponérselo, un recurso que hoy la ciencia explica con claridad: el tarareo. Ese simple sonido con la boca cerrada, que parece un gesto inocente, activa mecanismos internos capaces de transformar el estado del cuerpo en pocos segundos. Al hacerlo, se liberan sustancias que mejoran la circulación y la oxigenación, mientras que la vibración en la garganta despierta un sistema nervioso que regula la calma. Lo que antes se veía como un ritual espiritual, ahora se entiende como una herramienta fisiológica al alcance de cualquiera, sin costo y sin necesidad de conocimientos previos. Basta con probarlo para sentir cómo la tensión se disipa y el cuerpo responde con serenidad.
El tarareo genera un aumento notable de óxido nítrico en los senos nasales, un gas que el propio organismo produce para favorecer la dilatación de los vasos sanguíneos y fortalecer las defensas respiratorias. Estudios señalan que esta práctica puede multiplicar hasta quince veces la liberación de esa sustancia en comparación con una respiración silenciosa. Además, la vibración estimula el nervio vago, considerado el principal canal de comunicación del sistema parasimpático, encargado de reducir la frecuencia cardíaca y sacar al cuerpo del estado de alerta. Por eso, unos minutos de tarareo bastan para que la mente se aquiete y la sensación de bienestar aparezca casi de inmediato.
La técnica es sencilla: inhalar por la nariz y, al exhalar, emitir un “mmmm” profundo y prolongado que se perciba en la garganta y el rostro. Repetirlo varias veces, de manera lenta, puede convertirse en un recurso útil antes de dormir, en momentos de estrés o cuando la ansiedad se hace presente. No se trata de una solución definitiva para problemas clínicos, pero sí de una herramienta práctica, respaldada por la fisiología, que demuestra cómo la propia voz puede regular el sistema nervioso. En apenas medio minuto, cualquier persona puede experimentar un cambio tangible en su estado interno, descubriendo que la calma está más cerca de lo que parece.
