BENDICIÓN DE MASCOTAS EN CDE, ENTRE LA FÉ, CRUELDAD Y EL ABANDONO DE LOS MÁS INDEFENSOS

CIUDAD DEL ESTE (Cultura y Religión por Charly Friendz) Cada 4 de octubre, el mundo conmemora el Día de San Francisco de Asís, el santo que revolucionó su época al reconocer a todas las criaturas vivas como «hermanos y hermanas» y al situar el respeto por la naturaleza en el centro del mensaje de fe. En su honor, la comunidad franciscana renueva año tras año una de sus tradiciones más entrañables: la bendición de las mascotas. En Ciudad del Este, los Hermanos Franciscanos Capuchinos abren las puertas del Convento San Francisco (ubicado en el Km 8 Acaray, camino a la Costanera Ñande Renda) para recibir a cientos de familias que acuden con sus perros, gatos y otros animales del hogar para encomendar su salud y agradecer el amor incondicional que brindan. Sin embargo, detrás de esta colorida fiesta, la fecha expone una amarga contradicción social: mientras algunos animales reciben bendiciones e iglesias llenas de afecto, en las calles de nuestro país miles de otros sufren el olvido, la indiferencia y la violencia humana.

En Paraguay, la relación con los animales sigue siendo una asignatura pendiente marcada por la impunidad. A pesar de existir la Ley 4840/13 de Protección y Bienestar Animal y sus posteriores modificaciones que penalizan el maltrato, la realidad cotidiana en Ciudad del Este y los municipios vecinos de Alto Paraná muestra un escenario desolador. Día a día proliferan los reportes de envenenamientos masivos en barrios urbanos para «limpiar» zonas de animales sin hogar, casos atroces de mutilaciones a machete, balinazos, torturas por simple ensañamiento, el abandono constante de camadas completas en vertederos o arroyos, y la explotación extrema de caballos sometidos a tracción a sangre hasta desplomarse bajo el calor de la región. Ante la escasa sanción judicial y la casi nula respuesta estatal en materia de castraciones masivas o albergues públicos, esta crisis de crueldad recae sobre un ejército invisible: las y los rescatistas independientes del departamento.

En medio del desamparo institucional, son en su gran mayoría mujeres y jóvenes agrupados en redes de voluntariado quienes sostienen la dignidad de los animales en el este del país. Con recursos propios, vendiendo rifas, organizando colectas y contrayendo abultadas deudas en clínicas veterinarias, estas personas socorren a los atropellados, rehabilitan a las víctimas de tortura, financian jornadas de castración a bajo costo y buscan hogares responsables para cortar el ciclo de maltrato. Por eso, este 4 de octubre, la invitación de los franciscanos trasciende la simple foto o el agua bendita sobre el lomo de una mascota: bendecir a un animal implica asumir el compromiso sagrado de cuidar de él, erradicar la indiferencia, apoyar a quienes rescatan, denunciar la violencia ante las autoridades y construir un Paraguay donde cada vida sea respetada con la dignidad que San Francisco enseñó a reconocer.

 

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