CIUDAD DEL ESTE (Salud por Charly Friendz) Tomar una lata de gaseosa de vez en cuando no te va a matar, pero el drama empieza cuando se vuelve un vicio diario y arrincona al agua o a los alimentos sanos. Meterle al cuerpo gaseosas azucaradas todos los días significa llenarse de calorías vacías sin ningún valor nutricional. A la larga, esta mala costumbre hace que uno engorde, arruina la respuesta a la insulina y aumenta el riesgo de sufrir problemas graves del corazón y del metabolismo.
El exceso de azúcar en la sangre le hace pedazos al sistema cardiovascular, disparando la presión alta y la obesidad. La boca tampoco se salva; la acidez de estas bebidas va gastando el esmalte de los dientes poco a poco, mientras que el azúcar facilita la aparición de caries. Los riñones sufren un montón cuando la gaseosa reemplaza al agua, ya que el cuerpo necesita una buena hidratación para funcionar bien. Con los huesos pasa algo similar: aunque no es verdad que la gaseosa «roba» el calcio directamente, el problema es que desplaza a la leche y otros alimentos ricos en nutrientes que mantienen los huesos fuertes
No se trata de ponerse estrictos ni de prohibir del todo, sino de evitar que un gusto ocasional se vuelva una maña de todos los días. Para el día a día, el agua y el terere bien frío siguen siendo lo mejor para calmar la sed y cuidar la salud.
