PARAGUÁI NDOGUEVIMO’ÃI : NUESTRA HISTORIA MERECE RESPETO Y VERDAD,

NACIONALES (Realidades por Carlos Roa) Hay cicatrices que el paso de los años jamás logra cerrar, ya que se convierten en pilares fundamentales de la identidad de toda una sociedad. La contienda de la Triple Alianza trascendió largamente la categoría de un simple suceso pretérito para consagrarse como la catástrofe más profunda en los anales del Paraguay, arrebatando la existencia de una proporción masiva de sus habitantes, arrasando la infraestructura nacional e inscribiendo una marca indeleble en la conciencia colectiva.

En consecuencia, cada vez que una figura del extranjero banaliza semejante enfrentamiento o expone una visión parcializada y simplista, la ciudadanía paraguaya asume la obligación ética de manifestarse. Lejos de responder a impulsos de rencor o resentimiento, esta postura nace del respeto supremo hacia los héroes que ofrendaron su existencia, hacia aquellos compatriotas que rehicieron la patria desde la devastación total, y hacia los herederos de semejante legado histórico.

Proteger la verdad de los hechos no constituye una provocación ni un desafío estéril, sino una genuina manifestación de amor a la patria. Aquella sociedad que decide dar la espalda a su pasado se encamina irremediablemente hacia la pérdida de su propia esencia.

Pese a sus dimensiones geográficas reducidas, el Paraguay desborda una grandeza espiritual y una dignidad inclaudicable que se han evidenciado de manera constante, resurgiendo de los escenarios más hostiles a fuerza de esfuerzo, sacrificio y fervor patriótico. La memoria de este pueblo demanda un abordaje profundo, riguroso y honesto, inmune a reduccionismos simplistas o revisionismos descontextualizados, porque la historia merece ser recordada con dignidad. Hoy y siempre, la nación paraguaya exige el lugar de respeto que su pasado y su lucha le otorgan por derecho propio.

 

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