Doctrina garantista de los jueces protege al victimario y desampara a la víctima

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JUSTICIA VENDIDALa Diosa Astrea sin garantías, pero con recurso$$.

FALTA UN CAMBIO DE RUMBO PARA PROTEGER A LA SOCIEDAD

El garantismo es una ideología jurídica, es decir, una forma de representar, comprender, interpretar y explicar el derecho. Su difusión se debe sobre todo a la obra de Luigi Ferrajoli, quien a partir de 1989 ha construido una completa y muy estructurada teoría del garantismo penal. En sus trabajos posteriores a esa fecha Ferrajoli ha ampliado su teoría para conformar una especie de teoría general del garantismo, la cual ha vinculado estrechamente con la teoría del Estado constitucional (desde el punto de vista normativo) y con el llamado neoconstitucionalismo (desde el punto de vista teórico).

Una de las principales ideas del garantismo es la desconfianza hacia todo tipo de poder, público o privado, de alcance nacional o internacional. El garantismo no se hace falsas ilusiones acerca de la existencia de “poderes buenos”, que den cumplimiento espontáneo a los derechos y prefiere verlos limitados siempre, sujetos a vínculos jurídicos que los acoten y que preserven los derechos subjetivos, sobre todo si tienen carácter de derechos fundamentales. Sobre este punto Marina Gascón afirma que “la teoría general del garantismo arranca de la idea –presente ya en Locke y en Montesquieu- de que del poder hay que esperar siempre un potencial abuso que es preciso neutralizar haciendo del derecho un sistema de garantías, de límites y vínculos al poder para la tutela de los derechos.

Lamentablemente esta es la doctrina de la mayoría de los jueces en el Paraguay, en donde se protege al victimario y se deja al desamparo a la víctima. Por tal motivo, asesinos, violadores, asaltantes, motobandis, en fin, todo tipo de malvivientes, gozan rápidamente de medidas alternativas a la prisión, arresto domiciliario, o bajo fianzas mínimas, solo para seguir en la misma senda de la delincuencia, mientras las víctimas son acosadas en forma permanente por estos malhechores amparados por los magistrados pusilánimes y muchas veces, vendidos al mejor postor. Entonces debemos acabar con esta doctrina garantista, porque los que merecen garantías son las víctimas de los delitos y no los que cometen crímenes de manera reincidente y que, en su mayoría, ya son incurables de este gen de la delincuencia que traen consigo.

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