CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Esteban Ross) Si una persona habla sin parar de lo terrible que fue su pasado, de lo mal que la trataron sus exparejas y de lo injusta que es la vida con ella, conviene tener precaución. Un hombre con las ideas claras sabe identificar estas señales de alerta. Si en la historia de alguien todo es drama y todas sus exparejas fueron «tóxicas», es muy probable que esa persona no haya reflexionado sobre sus propios errores. No se trata de carecer de empatía, sino de no cargar con problemas que no te corresponden.
Quienes solo recuerdan los daños que les hicieron y nunca asumen su responsabilidad, suelen repetir el mismo patrón. Ante el primer desacuerdo no buscarán una solución juntos, sino a quién culpar, y con el tiempo esa persona serás tú. Las acusaciones que hoy escuchas sobre los demás son el ensayo de lo que dirán de ti en el futuro. Una relación sana debe aportar tranquilidad y apoyo mutuo; si desde el inicio solo hay quejas y victimismo, lo más sensato es tomar distancia antes de involucrarse de más.
No intentes asumir el rol de salvador. El salvador se enamora de una historia donde se le pide que odie a quienes estuvieron antes. En lugar de engancharte emocionalmente, simplemente observa. Las personas maduras reconocen sus fallas, aprenden de sus experiencias y no necesitan culpar al resto para evitar mirarse a sí mismas. Quien solo busca atención necesita un público, pero tú no tienes por qué cumplir ese papel.
Aprende a filtrar lo que de verdad quieres en tu vida: busca paz en lugar de conflictos acumulados. Un historial cargado de resentimiento se percibe desde las primeras citas, y quien lo ignora por dejarse llevar solo por la apariencia física, termina convirtiéndose en la siguiente historia de lamento. Sé sabio: tener compasión no significa comprometer tu tranquilidad. La verdadera compatibilidad se demuestra con hechos, y donde solo hay culpas no se construye un hogar, sino un terreno de discusión.
