VINO A SUDAMERICA PARA CONTACTAR EXTRATERRESTRES

LOS MISTERIOSOS PROYECTOS Y CONTACTOS CON MARTE DEL GENIO ITALIANO MARCONI

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CIUDAD DEL ESTE (ciencia e historia, por Esteban Roa) Un viejo rumor legendario sostiene, Guillermo Marconi en la década del treinta, decidió dar un giro a su vida, por entonces empresario millonario, quién habría decido abandonar Europa, para retirarse a Sudamérica. Los motivos alegados sugieren, el genio nativo de Bolonia, Italia, estaba enredado en proyectos muy avanzados a su época, tantos como los promocionados por su eterno rival Nikola Tesla. Algunas biografías alegan, Marconi inició la construcción de motores experimentales, cuyo funcionamiento tenían como fuente primaría la energía libre, obtenida a través del éter. Marconi también estaba estudiando la antigravedad, inspirado según refieren, en los trabajos del francés Marcel Pages, y el norteamericano Thomas Townsend Brown, inventores de los primeros OVNIs terrestres.

Consciente Marconi que estas ideas no eran bien recibidas y codiciadas en paralelo por poderes tenebrosos encarnados en corporaciones, compañías petroleras, complejos militares, banqueros, y otras tantas fuerzas brutales, sintió la necesidad de continuar su camino sin tantas presiones. Pero aquel movimiento no se hizo en solitario. Según la historia recogida, casi un centenar de científicos siguieron a Marconi en su periplo sudamericano.

Así lo descubrió el escritor galo, Robert Charroux en su libro de 1974, El Secreto de los Andes, donde narrara las confidencias entregadas por el periodista mexicano, Mario Rojas Avendaro, basadas en las declaraciones entregadas por Narciso Genovese, «ex discípulo de Marconi».  Genovese, definido como físico, filólogo y humanista, además de profesor en un Instituto de Baja California, brindó a Rojas Avendaro las siguientes revelaciones: “Los discípulos de Marconi a la muerte de su maestro, en 1938, decidieron continuar sus estudios y experimentos sobre la utilización de la energía solar o cósmica, pero tomando todas las precauciones necesarias para que éstas no pudieran servir a la guerra o a fines criminales”. En el informe de Charroux se traduce, noventa y ocho científicos de diferentes naciones, fundaron en un lugar desconocido de Sudamérica una instalación secreta, y de tipo subterránea, verdadera ciudad oculta por sus dimensiones.

Allí se habría trabajado en la domesticación, de las fuerzas eléctricas. Las metas perseguidas por el grupo eran de tipo altruista, tratando de aglutinar a la humanidad tras una sola religión, nación, así como el despliegue, de una proto histórica exopolítica espacial. Otros estudios incluyeron, investigación de la materia, y posterior uso, en la fabricación de motores anti gravitatorios. También fue ideado un receptor, colector de energía cósmica.

Aunque como decimos, toda esta información se viralizó tras la publicación del libro de Robert Charroux, ya 1958 se tenían novedades del caso. Y es que ese año, Narciso Genovese, hizo conocido su impactante relato, que pronto alcanzó categoría de culto. Lo tituló, «Yo he estado en Marte». Allí Genovese se explaya sobre algunas cuestiones. Reafirma su contacto con Marconi, a quién afirma conocer en 1934, tres años antes de su muerte. También escribe que los últimos años de Marconi, estuvieron signados por extrañas investigaciones.

Al parecer su interés principal, estuvo centrado en el estudio de la energía solar. Genovese se reconoce como su discípulo, aseverando logró junto a otros devotos de Marconi, que el mismísimo Vaticano los apoyara en la continuidad de estas investigaciones, lejos del mundanal ruido. Desde alguna región remota de Sudamérica, la secreta organización entablará contacto con una civilización marciana, iniciándose luego un intercambio de tecnología. Tal es la síntesis, de la insólita obra de Genovese. Surgen, sin embargo, un sinnúmero de inconsistencias en lo expuesto por Genovese. En su libro, no se aporta un solo documento o fotografía, en respaldo de su historia, tan solo contamos con dibujos realizados por el autor.

Otro punto sensible, imposible concebir el Vaticano apoye una investigación de tal magnitud, entregando información tan importante. No es su costumbre. Marconi creía, como tantos otros sabios de su época en el potencial del Éter, y estuvo trabajando en una máquina que pudiera condensar el pasado, aunque el experimento nunca vio la luz. Genovese tampoco es preciso en brindar referencias, que ayuden a localizar su hipotética ciudadela subterránea, que dice oculta en las oquedades de un volcán extinto. Se han lanzado hipótesis que apuntan al antiplano peruano, la selva amazónica, y hasta un tepuy venezolano, postulando aquellos sitios como residencia, de aquella misteriosa central científica.

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